DIARIO LA NACION La historia del ex pibe chorro que se convirtió en poeta


Camilo, de 22 años, busca con su poesía evitar que otros chicos ingresen al mundo del delito y la cárcel; el relato de un joven que se animó a cambiar, pese a los estigmas

Por Valeria Vera | LA NACION

Hurgar en su pasado aún latente no incomoda a Camilo Blajaquis, el joven poeta de Villa Gardel. Sabe que es necesario hacerlo para entender el camino que transitó en el último tiempo; ese que lo define hoy como un ex pibe chorro que se animó a reinventarse.

Con silencios, por momentos prolongados, reconstruye los matices que tiñeron una infancia y una adolescencia marcadas por un contexto influyente, según dice. Pero no reniega de esos años que algunos asocian con la mejor etapa de la vida y que para él significaron conocer de cerca el sabor amargo que bordea al delito o ver “cuadriculado” el sol a través de la pequeña ventana de un instituto de menores.

Y no lo hace porque cree que las cicatrices que acusa su cuerpo -producto de tiroteos y persecuciones entre la policía y “los pibes” del barrio- sembraron alternativas y cambios que empieza lentamente a disfrutar de la mano de la libertad.

Pese a su corta edad -tiene sólo 22 años-, lleva a cuestas la experiencia que brinda haber transitado por dos institutos de menores y cuatro penales. Un secuestro que lo llevó a pasar los últimos cinco años tras las rejas, relata, fue la culminación de esa aventura.

De cara al delito
Mira sin ver, perdido en sus pensamientos, cuando se le pregunta qué sentía cuando salía a robar y hasta dónde cree que era consciente de todo eso. “Lo hacía porque lo hacía. Iba a buscar plata, como todos los pibes. Te puedo asegurar que ninguno lo hace por placer”, contesta. Y reflexiona: “El que roba también es una víctima, no un monstruo como se lo suele mostrar”.

Inevitablemente, la charla vuelve al principio de esta historia, al hogar y al juego, al guiso y la ranchada. También al barrio, testigo de ese grupo de amigos que un día dejó de jugar y salió al mundo “a manguear, a cirujear y a robar”.

“Empezás por giladas, como se dice, para después ir creciendo en la profesionalización del delito. Primero robás un estéreo y después terminás con el auto entero. O empezás con algo que ves en una casa y te metés a robar la casa”, desliza en voz alta. “Y con mucho dolor vas viendo pibes que caen presos o amigos que mueren… la cara de una sociedad que odia al pibe de la villa”, lamenta al recordar esos colores y sonidos asociados a momentos difíciles que intenta comprender tomando distancia.

http://www.lanacion.com.ar/1419829-la-historia-del-ex-pibe-chorro-que-se-rescato-a-si-mismo

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