Cinco condenados y presos por encubrir el crimen de María Marta


La Capìtal de Mar del Plata Tres familiares, un médico y un vecino fueron condenados y detenidos en forma inmediata esta tarde por el encubrimiento del crimen de María Marta García Belsunce, ocurrido en octubre de 2002 en el country Carmel.

A nueve años del homicidio de María Marta García Belsunce, la Justicia condenó ayer a penas de hasta cinco años de prisión y envió a la cárcel a los familiares y allegados de la víctima acusados del encubrimiento del crimen.

Guillermo Bártoli, cuñado de María Marta y principal objetivo de la Fiscalía, recibió la pena más alta -cinco años de cárcel-, mientras que Horacio García Belsunce (h), hermano de la víctima, fue sentenciado a cuatro años.

A John Hurtig, hermano de María Marta, le dieron tres años y medio, mientras que Sergio Binello, vecino del country donde se produjo el asesinato, y el médico Juan Gauvry Gordon compartieron la pena de tres años de prisión.

No hubo diferencias, sin embargo, a la hora de detenerlos. Si bien el Tribunal Oral en lo Criminal 1 de San Isidro fue unánime a la hora de considerarlos culpables de encubrimiento agravado, fueron los votos de María Elena Márquez y Ariel Introzzi Truglia los que determinaron que todos quedaran inmediatamente arrestados.

Quien se pronunció por mantenerlos en libertad, ya que estuvieron siempre sujetos a derecho, fue el juez Alberto Ortolani.

La única que se fue a su casa y absuelta fue Beatriz Michelini, la masajista que asistía a María Marta y que no había sido acusada por la Fiscalía.

Esa situación generó la indignación de los familiares de los condenados, que la esperaron a la salida para gritarle “mentirosa hija de puta” e insultar a su abogado, Roberto Ribas, que fue defensor de Nicolás Pachelo, el vecino siempre sospechado del country.

Los condenados fueron enviados a la DDI de San Isidro a pasar la noche, aunque no está claro si permanecerán allí las próximas horas. El lunes entrante las defensas presentarán recursos de hábeas corpus a la espera de que los excarcelen o les morigeren la pena, mientras aguardan que el Tribunal de Casación bonaerense revoque la decisión.

La sala de audiencias estuvo repleta de familiares y amigos que lloraron el veredicto. En rigor, los propios acusados tenían la certeza del fallo.

“Es posible que hoy quede detenido”, había dicho Bártoli al llegar a los tribunales de San Isidro junto a su esposa Irene Hurtig y en medio de la expectativa periodística.

Desde temprano, los periodistas se habían estado concentrando para una resolución que se anunciaría a las 13. Pero luego fuentes judiciales informaron que la cita sería a las 14 por razones organizativas. Recién a las 14.30 habilitaron la sala de audiencias para que se ubicaran la prensa y cuatro familiares por acusado en el medio centenar de asientos habilitados.

La espera fue tensa, como si todos intuyeran el final. Fue alrededor de las 15.30 cuando los jueces cruzaron la puerta para ingresar al recinto. Imprevistamente, los organizadores dejaron pasar en ese momento a los fotógrafos, una escena que confirmó para los familiares la sentencia que se venía.

Para la lectura del veredicto sólo hicieron falta algunos minutos, aunque con la aclaración de que los fundamentos de la decisión podrían leerse en la página web oficial de la Suprema Corte bonaerense.

Allí estaban las razones de por qué se los encontraba culpables de haber participado en el encubrimiento del crimen de la socióloga y vicepresidenta de Missing Children cometido el 27 de octubre de 2002 en el country Carmel, de Pilar.

Durante estos nueve años los familiares y amigos sostuvieron que no habían podido darse cuenta de que no había sido un accidente: insistieron en que ellos estaban convencidos de que María Marta se había resbalado en la bañera y que sólo quisieron mitigar el dolor que provocaba aquella tragedia.

Pero el tribunal consideró acreditado que llevaron adelante maniobras intencionales para ocultar el homicidio, como la manipulación del cadáver, la limpieza de la escena del crimen, la destrucción del famoso “pituto” (la sexta bala) y el llamado a la policía para que no se acercara al country.

Sin saber las razones de la detención de su padre, una de las hijas de John Hurtig interrumpió con su llanto la lectura del veredicto y la jueza Marques ordenó desalojar la sala. El medio hermano de María Marta se paró para decirle “Mili, tranquila”, y la magistrada lo instó a sentarse.

Los hijos de Bártoli, que cuando ocurrió el crimen tenían menos de diez años, se abrazaron al cuello de su progenitor y no querían dejarlo. Fue así que la jueza interfirió y un Bártoli quebrado gritó: “Déjenme al menos despedirme de mis hijos. Por qué no me torturan, también…!”.

Uno de los abogados -Adrián Murchio, representante de Horacio García Belsunce- pidió que se retiraran las cámaras de televisión habilitadas y los periodistas para cuando detuvieran a los imputados, reclamo al que accedió el tribunal.

Afuera, los familiares y amigos de los acusados esperaron llorando la salida de los abogados. Y aplaudieron erróneamente a un camión celular del Servicio Penitenciario Bonaerense pensando que allí iban los detenidos, gritando: “Estamos con ustedes”.

“Ahí tienen la foto que querían. Ya está, los tienen presos. Pero son inocentes”, dijo una de las allegadas con los ojos enrojecidos.

Irene Hurtig, la media hermana de María Marta, dijo a los periodistas: “Esto no puede seguir así, no pueden estar condenando gente sin pruebas. Alguna gente estará creyendo que esto es Justicia, pero se equivoca. Hay que seguir luchando para que se den cuenta de que están equivocados”.

Curiosidades en el final del juicio

El médico Juan Gauvry Gordon llegó al juicio oral acusado de no haber hecho la denuncia policial ante la muerte violenta de María Marta García Belsunce. Lo único que estaba claro era que su obrar como profesional había quedado seriamente cuestionado. Incluso, la fiscal aseguró que María Marta ya estaba muerta cuando él llegó al country.

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Ayer, el tribunal decidió condenarlo a tres años de prisión, la mitad de lo que había pedido la Fiscalía. Y, aunque dispuso dejarlo tras las rejas, Gauvry Gordon podrá seguir ejerciendo como médico una vez que quede libre. En la parte resolutiva, el tribunal no informó que hubiera decidido quitarle la licencia.

Michael Hamilton Taylor, ahijado de Carlos Carrascosa, será investigado por orden del tribunal. Es que el chico había sido denunciado por el abogado Roberto Ribas por supuestas amenazas en el trascurso de las audiencias.

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El chico que estuvo presente en cada día del juicio oral de 2007 contra su tío asistió a este segundo proceso hasta la denuncia del abogado de Michelini. Aquel día, los jueces ordenaron desalojarlo de la sala. El incidente parecía haber quedado ahí, pero ahora se resolverá si se abre una causa penal en su contra en la que tendrá que declarar seguramente el abogado denunciante.

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Constantino Hurtig, padre de John e Irene y marido de la madre de María Marta, nunca llegó a sentarse en el banquillo de este segundo juicio por su delicado estado de salud.

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Ayer, en su resolución, el Tribunal Oral en lo Criminal 1 de San Isidro decidió que sean otros jueces los que definan su situación en un eventual tercer juicio. Así, si ese debate finalmente se lleva adelante, serán tres de los seis tribunales de San Isidro los que hayan intervenido en este caso.

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La espera antes del veredicto fue angustiosa. Muchos de los acusados habían llegado temprano. Beatriz Michelini, una experta en eludir a la prensa, ingresó antes de las 10 al edificio de la calle Ituzaingó y esperó allí encerrada hasta que le avisaran que había llegado el momento.

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Horacio García Belsunce (h) llegó cerca de las 11. Dicen sus allegados que se le habrían dado sedantes para calmar sus nervios, pero ya en la sala de audiencias tuvo que salir varias veces a fumar.

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Una de las primas de Guillermo Bártoli había llegado a la sala de audiencias con seis paquetes de pañuelos descartables para repartir entre los suyos. Sabía que se venía un día difícil.

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