Cuádruple crimen: todas las piezas de la masacre


Online911 – Foto Clarín

Una por una, las víctimas y el acusado de un ataque atroz. Bárbara había cumplido años el día anterior. Micaela preparaba la fiesta de fin de curso. Susana se ilusionaba con su jubilación. Marisol cuidaba enfermos y tenía dos nenas. Las mataron en 6 minutos.

Fuente Clarín

Una escena normal en la vida normal de una familia normal: Susana prepara el mate en la cocina para esperar a Marisol, una amiga que le avisó que está yendo a visitarla. Bárbara se está dando una ducha. Como es medianoche de sábado, podría pensarse que se está bañando a esa hora porque va a salir. Micaela está viendo tele en la cama. Marisol llega, pero… la recibe un hombre. Entra. En 6 minutos nada será lo que era. Un cazador feroz y enceguecido devoró estas cuatro vidas.

Bárbara
Había cumplido 29 años el viernes 25 de noviembre, día anterior a la masacre. Estaba contenta porque al fin tenía un trabajo estable: la habían nombrado en la Junta Electoral de La Plata. Sus padres se separaron cuando ella era una nena y no la tuvo fácil: fue madre a los 17 años y estuvo con el papá de Micaela –Daniel Galle, un muchacho hijo de un ferretero– hasta los 20. Crió a su hija con la ayuda indispensable de su mamá, Susana.

Tuvo una relación de altibajos con su ex, pero hace tres años habían llegado a un arreglo extrajudicial por la cuota de alimentos y el régimen de visitas, y ahora estaban en buenas relaciones. El papá podía ver a Micaela cuando quería. Para la misma época en que arregló sus cuestiones con Daniel, Bárbara Santos conoció a Osvaldo Martínez, dos años menor que ella. Un hombre morocho, como su ex, y fuerte, cinturón negro de karate.

Un laburante que alternaba su empleo en una destilería de YPF con el trabajo en la casa que se estaba construyendo en Berisso con un objetivo mayor: con encer a Bárbara para que fuera a vivir con él. El plan, naturalmente, incluía a Micaela. Bárbara era aún reticente al convite: estaba acostumbrada a vivir con su mamá y le parecía que llevarse a Mica a Berisso era un poco lejos para el padre y una complicación para la nena, a la que debería cambiar de colegio.

Micaela

La escuela, el hóckey, la música, la guitarra, el cuidado por el pelo. Mica no renunciaba a nada en la vida de una nena de 11 años. Era coqueta, alegre, cariñosa. Pasaba horas frente al espejo para recrear coreografías de los Teen Angels, balanceando sus rulos. En los últimos días tenía puestas las energías en la organización de la fiesta de fin de curso.

Micaela había estrenado este año un equipo de hockey que le regalaron sus abuelos paternos cuando comenzó a practicar ese deporte en el colegio San Cayetano, donde iba a 6° grado de tarde. Pero en el último mes tuvo que suspender la actividad física por una operación de vesícula. Antes del reposo médico, se había puesto al frente de la organización de la fiesta escolar de fin de año que estaba prevista para este martes 6 de diciembre en el camping del Poder Judicial.

En septiembre, la nena había vuelto feliz de un viaje que hizo con sus 34 compañeros de colegio a Mundo Marino, en San Clemente, y hace poco había comenzado a tomar clases de guitarra con Graciela, una profesora que también vive en el PH de la calle 28. El instrumento se lo había regalado una amiga de la familia que murió el año pasado.

Mica era fanática de los Teen Angels y el sábado anterior a la tragedia estuvo en el Estadio Unico de La Plata viendo el recital que el grupo dio antes de la presentación de Britney Spears.

Con Verónica, una vecina, dedicaban horas a mirar programas musicales en televisión. Juntas soñaban que bailaban y estrenaban pasos en un gran escenario.

A Micaela le encantaba hurgar en los placares de la mamá y la abuela para complementar su vestuario del día. “Siempre encontraba algo para ponerse. Era muy coqueta y le gustaba combinar la ropa” contó a Clarín una vecina.

A Mica le gustaba comer pastas y casi no probaba la carne. Le fascinaban los chocolates. Y dormir en la cama de su abuela. Allí encontró su cuerpo la Policía. Estaba vestida y tenía su teléfono celular aferrado en una mano.

Susana

Conocía cada rincón del palacio de los Tribunales de La Plata. Treinta años de trabajo en la Cámara Segunda de la Sala Civil y Comercial le permitieron a Susana de Bárttole (63) desentrañar los secretos de esos pasillos que quería abandonar para jubilarse. Su matrimonio con Santos fue efímero: 20 años de separación la transformaron casi en una mujer soltera.

Decidió criar a su nieta Micaela cuando se enteró de que Bárbara estaba embarazada pero no había planes de matrimonio. Entonces volcó sus esfuerzo en comprar el departamento de la calle 28 y acondicionarlo para su familia extendida. “Había dejado la habitación de la nena como una pinturita”, contaron allegados al grupo familiar.

Tuvo que sacar créditos y redoblar esfuerzos, porque su única hija no hacía pie laboral. Hasta que a mediados de este año consiguió –gracias a sus contactos en la Justicia– un puesto para Bárbara en la Junta Electoral. Le gustaba salir y divertirse con amigas. Nunca volvió a vivir con un hombre. “Ponía toda su energía en esa nieta a quien adoraba. Era un idilio mutuo”, relató a Clarín una vecina del complejo de departamentos. “En las últimas semanas se la veía muy contenta. Decía que el 2011 había sido un muy buen año”.

Estaba planeando una reunión familiar con amigas del trabajo para celebrar el fin de año.

Marisol

Después de 10 años de matrimonio, tuvo una separación algo traumática y desde entonces había decidido retomar algunas costumbres de soltera. Marisol Pereyra (35) acordaba con su ex marido o con su madre el cuidado de sus hijas de 7 y 4 años para organizar salidas con amigas. Eso intentó el sábado pasado, cuando viajó en el remís de Marcelo Tagliaferro hasta el departamento de la masacre.

Trabajaba cuidando enfermos. Buscaba que sus pacientes vivieran cerca de su casa, en 62 y 143, en el populoso barrio de Los Hornos.

Con su ex marido, Víctor Chavarría, se veían casi todos los días. El hombre se encargaba de retirar a las nenas del colegio. “Tenía una relación conflictiva con su ex pareja. Discutían por los horarios, por las hijas y por dinero. Incluso hizo algunas denuncias contra Chavarría”, contó una testigo a los investigadores. Sobre el ex marido de Marisol advirtió el abogado del detenido Martínez, y el fiscal Alvaro Garganta admitió investigarlo: “Dijo que la noche del crimen estuvo con su novia en una fiesta, y que se fueron en moto”.

Marisol era amiga de Susana desde hacía más de 10 años. Se conocieron en el Poder Judicial y esa amistad se trasladó a Bárbara. Según relató uno de los testigos del caso, esa noche decidió reencontrarse con ellas. El destino la llevó justo a la hora del horror.

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