La pesadilla de una abuela que se despertó y tenía un ladrón en su cama


Hoy de la Plata

Fue en 26, 42 y 43. El maleante la redujo y huyó con dinero. Le tapó el rostro con ropa y le apretó la cabeza. La mujer de 83 años se descompensó y fue asistida por personal médico

Otra vez la delincuencia pegó en las víctimas que más duelen: los abuelitos. En este caso, en un PH de 26 entre 42 y 43, donde un delincuente se coló en el dormitorio de una mujer que estaba casi dormida, la redujo y le sustrajo algunos pesos, para finalmente huir con rumbo desconocido.
La damnificada se llama Francisca Colazo (83) y compartió los pormenores del atraco con Trama Urbana. Todo comenzó alrededor de las 15 de ayer, cuando “estaba haciendo la siesta y escuché un ruido, como que se abría la puerta del patio”. Sin embargo, a punto de zambullirse en el sueño, no se percató de que se trataba de un maleante. “Yo seguí leyendo, dormité y pensé que era un bicho o algo parecido”, recordó.
Pero lamentablemente nada de eso era lo que en realidad estaba ocurriendo, y pronto lo confirmó.
“Cuando me di cuenta, vi una persona que entró al baño y se me puso junto a los pies”, prosiguió el angustiante relato de Francisca. “No me mires”, fue lo primero que le dijo el maleante, y acto seguido le tiró encima de su rostro unas ropas que había en el dormitorio, para que no lo mirara. “Incluso me apretó la cabeza con la ropa encima”, aunque las agresiones no pasaron a mayores y además el sujeto no estaba armado.
“Dame la plata y no te va a pasar nada”, le retrucó él. Pero Francisca, en medio de un profundo nerviosismo, le insistió en que no tenía más que algunos pocos billetes.
Finalmente, el ladrón pareció comprender que la mujer no mentía, por lo que tomó unos 100 pesos de su billetera y se largó. “Aparentemente había una segunda persona en la puerta”, especuló una nieta de Francisca.

Asistencia
Tal fueron la angustia y la tensión vivida por Francisca, que una vez concluido el robo, tuvo que ser asistida por una ambulancia.
“Quedé bastante nerviosa, se me levantó la presión, me temblaban las piernas y no podía caminar ni pararme”, detalló la mujer, que finalmente fue estabilizada.
Ahora piensa tomar algunas medidas preventivas, para evitar nuevos disgustos. “Por el pasillo va y viene mucha gente y a veces la puerta queda abierta, vamos a tener que tener cerrado todo el tiempo”, reflexionó.

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