Tres encapuchados lo maniatan, golpean y cortan en un brazo


Hoy de La Plata

Fue a la madrugada, en 35, 1 y 2. Los delincuentes despertaron al dueño. Lo ataron con un cinto. Le pegaron varias patadas y lo hirieron con una cuchilla. Escaparon con dinero y bienes.

El hombre dormía plácidamente en su cama de un chalet de 35 entre 1 y 2, cuando de repente escuchó que le hablaban, abrió los ojos y se encontró con tres sujetos encapuchados armados con cuchillas. No era un sueño; sí una pesadilla, pero bien real.
Eran alrededor de las 5 de la madrugada, cuando estos ladrones sorprendieron a Eduardo Acevedo (51) en el interior de su casa en Barrio Norte. Aún compungido por lo sucedido, la víctima accedió a hablar con Trama Urbana y compartió los detalles de unos de los peores momentos de su vida. “Estaba durmiendo y me despertaron tres tipos encapuchados, armados con cuchillas y me ataron con cintos”, relató el inició de la secuencia que duró “entre 10 y 15 minutos, pero parecía una eternidad, ya que los minutos parecen horas”, reflexionó. Mientras algunos le pedían todo el dinero, otros revolvían de punta a punta los ambientes de la casa. “Está todo desparramado, uno ve cómo quedó todo y no sabe cómo y por dónde empezar”, lamentó Acevedo.

A golpes en las piernas
Pero nada bastó para los maleantes. Tras las intimidaciones y las amenazas con cuchillos, prosiguieron agresiones aún peores. Primero le dieron “pequeñas patadas” en sus piernas, pero desesperados por acrecentar el botín, uno de los delincuentes fue más allá: “Me cortó el brazo con el cuchillo”, admitió compungido el hombre que vive solo en su chalet ubicado en el 327 de la calle 35. La herida fue superficial, pero bastó para poner a la víctima al borde de un ataque de nervios.
Finalmente, parecieron convencerse de que nada de gran valor quedaba por robar y se fueron con el dinero y otros bienes, incluidos los documentos del damnificado. “Me pidieron la llave para salir, se las di y me las dejaron en la puerta”, comentó Acevedo, quien llamó al 911 apenas pudo zafar de las ataduras.
A los pocos instantes, varias patrullas de la comisaría Segunda ya rastrillaban la zona en busca de los maleantes, pero no hubo caso: lograron evadir el cerco policial. No se descarta que se hayan movilizado en un auto, si bien ningún testigo se percató de lo que ocurría en la cuadra y, además, Eduardo no logró observar cómo se fueron de su casa.

Por los tejados
Durante la mañana trabajaron peritos de Policía Científica y, al no hallar ninguna abertura violentada, llegaron a la conclusión de que “entraron por los tejados, desde techos de viviendas linderas”, precisó la víctima. “Esto te deja una sensación muy desagradable, de mucha impotencia.
Yo tenía todo esto cerrado y me entraron igual, uno se siente vulnerable, pensás que estás protegido en tu casa, y no. Ahora a uno le agarra la paranoia”, meditó con tristeza.

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