La increíble saga de crímenes y robos de la pareja más buscada del Conurbano

Sonia Miguel, alias “la Enfermera”, y Roberto Miguel, alias “Gitano” o “Monzón”, fueron capturados luego de permanecer más de cinco años prófugo. Actuaban en la zona oeste del conurbano desde mediados de 2004 y están acusados por al menos cuatro homicidos. Sus principales víctimas eran jubilados italianos. En un operativo, la Policía descubrió que llegaron a comprar diez coches por valor cercano al 1,2 millón de pesos. FUE ANTICIPO DE ONLINE-911

Roberto Miguel tenía once de pedidos de captura y Sonia, su supuesta hermana, trece. La pareja, famosa en la zona oeste del Conurbano bonaerense por su particular modus operandi, fue capturada en Lanús después de una investigación que demandó varios años.

Según fuentes policiales consultadas por Online-911, Roberto, alias “Gitano” o “Monzón”, y Sonia, alias “Enfermera” o “Gitana Choia”, fueron capturados el pasado lunes 2 de abril después de asaltar a un anciano en su casa.

El “Gitano”, de 32 años, terminó herido y fue trasladado al hospital Paroissine de Isidro Casanova. Con una falsa identidad quedó registrado bajo el nombre de Patricio Lionel Martín. Sonia, que fue alojada en la comisaría de Valentín Alsina, también utilizó el mismo artilugio y fue anotada en el libro de ingresos como María Itatí Enrique.

Sin embargo, los investigadores pudieron desenmascararlos cuando un Grupo de la División de Homicidios, a cargo del comisario inspector Martín López Hermosi, advirtió la presencia en el hospital de Mirta Costich, la esposa de uno de los hombres más buscados del conurbano: Roberto Ramón Miguel.

Siguiendo esa pista los pesquisas pudieron establecer que Patricio Martín era Roberto Miguel. Como Miguel solía actuar en complicidad con la “Enfermera” los detectives fueron en busca de Mirta Enrique. Poco después corroboraron que ella también se había identificado con una falsa identidad. Mirta era, en realidad, Sonia Miguel.

¿Cómo operaban? Roberto y Sonia eran buscados desde 2004 por una larga listas de robos, todos ellos cometidos bajo la modalidad de “cuento del tío”. Si bien en el registro de la División de Homicidios se los acusa por el crimen de Eduardo Correa, un jubilado de 84 años asesinado en su casa de Villa Galicia, en enero de 2006, los voceros consultados por Online-911 reconocieron que se sospecha su participación en otros tres asesinatos ocurridos en el Conurbano y la Ciudad de Buenos Aires.

Roberto era el cerebro de una banda que simulaba ser una familia tipo de lo más normal y que utilizaba a un nene de unos 10 años como una suerte de “garante”.

La puesta en escena de la falsa familia comenzaba cuando el supuesto matrimonio llegaba a la casa de un jubilado, mencionando el nombre de un familiar que vive en otro país. También solían presentarse como abogados de un estudio jurídico o empleados de un banco que fueron enviados para actualizar una inexistente base de datos. Cualquiera de las fórmulas servía para concretar el verdadero objetivo: despojar de sus ahorros a jubilados indefensos y golpearlos hasta matarlos, en caso de encontrar la más mínima resistencia.

De esta manera, cometieron una larga lista de robos y asesinatos en distintos puntos del país. Según las fuentes, además de actuar en la zona oeste del Conurbano, se cuentan casos en distintas ciudades del litoral y sur del país, como así también en los barrios de Flores, Floresta y Mataderos.

Según las fuentes, en la Unidad Funcional Instrucción (UFI) Nº 5 de Morón, se tramitan al menos nueve causas penales, dos de ellas por homicidio. Sin embargo, existen antecedentes que los vinculan a otros hechos ocurridos en distintas jurisdicciones; en especial, el crimen de Juan Alberto Sorichetti, un jubilado asesinado el 3 de mayo de 2004 en Capital Federal.

El martes 2 de marzo de 2010, después de haber asaltado a una anciano de 84 años en Ituzaingó, la Justicia ordenó 18 allanamientos y secuestró una flota de autos de alta gama que comercializaban con el dinero que robaban. En total, hallaron rodados por un valor estimado en 1,2 millón de pesos. Sin domicilio fijo acostumbraban alojarse en hoteles de lujo. Por eso su captura demandó tanto tiempo.

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